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31 oct. 2016

La angustia del espacio ilimitado

Estamos delimitados en un espacio-tiempo del que no podemos salir, vivimos rodeados de normas que nos delimitan para no cumplir nuestros objetivos y ser parte del rebaño productivo. Todo son excusas, porqué en realidad desde los orígenes del hombre, la necesidad de vivir en un entorno no infinito tiene un efecto positivo en el inconsciente del ser humano y la proyección de su vida en este mundo. Somos seres matemáticos, y funcionamos según teorías científicas, nuestra consciencia no puede comprender lo abstracto, necesita parámetros dentro de un entorno con el que podamos familiarizarnos, aunque a eso muchas veces le llamemos la conocida, aburrida y errónea "zona de confort". En general nos enfrentamos cada día a una vida llena de fronteras, una vida en la que nos han vendido la idea de que las fronteras son necesarias para hacer que el sistema funcione de la manera que se supone que tiene que funcionar. No es un simple hecho de espacios, una vida puede ser limitada en el mismo momento en que nos movemos instintivamente por estereotipos, modas, costumbres...

Leon Battista Alberti fue el primero en materializar esta idea a partir de la teoría de la ventana, a partir de la cual se delimita la imagen que estamos percibiendo sensorialmente para poderla reproducir pictóricamente en un espacio preconcebido, una ordenación clásica de los elementos que funciona igual en nuestro cerebro. Estas ideas derivan de un mismo origen, el antiguo maestro griego, Euclides y sus "Elementos", donde pronuncia la importancia de las matemáticas y la geometría y el valor de dar nombre a conceptos que en aquel momento eran desconocidos. 

En la pintura, nos enfrentamos a un lienzo del cual tenemos la limitada opción de escoger su material y sus dimensiones. Sin embargo, aunque haya un límite de tamaño, no lo hay en profundidad, y como nos enseñó Alberti en el año 1436 en su tratado "De pictura", el arte pictórico necesita unos límites para representar la realidad que a su vez también se define por estos, sin embargo, podemos crear un punto de fuga que haga profunda la obra para representar, poéticamente, la profundidad de la vida y del ser humano. No solo es cuestión de representar las cosas entorno al tamaño del hombre, sino que metafísicamente, el arte al igual que la consciencia, es infinita.


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